¿Mi próximo show?
SEPTIEMBRE

Jueves 9
22:00 horas
CITY ARMS
(Tarragona)

Sabado 18
23:00 horas
"Chicas, Risketos
y apuntes..."
LLANTIOL
(Barcelona)

Domingo 19
20:30 horas
"¡Abajo las 
Pasteladas!"
LLANTIOL
(Barcelona)

Sabado 24
23:00 horas
"En ocasiones 
veo muertos..."
LLANTIOL
(Barcelona)

Domingo 25
20:30 horas
"¡Abajo las 
Pasteladas!"
LLANTIOL
(Barcelona)


      Clips Ramón LSD




     Suelo darme paseos por...







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Líneas Sin Desperdicio: Literatura enferma

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Jueves, 26 de Marzo del 2009

 Esto lo escribí hace 4 ó 5 años (cuando ocurrió) y lo encontré ayer

Me dispongo a abandonar con mis amigos el pub y justo estamos terminando de bajar la escalera de caracol cuando me encuentro a Natalia, camarera de un pub que frecuento desde hace años y cuyos ojos me tienen hechizado desde la primera vez que la vi. Nos damos dos besos.
     - Hola, Ramón ¡Cuánto tiempo!
     - Pues sí ¿Qué tal por el pub?
     - En verano muy tranquilo, como siempre ¿Tú qué tal? ¿Has tenido muchas actuaciones?
     - Pues no. Este verano ha estado flojo.
     - Pero ya estarás preparando algo ¿no?
     - Sí, para Septiembre ya tengo un repertorio para estrenar.
Veo que se acaban las preguntas de cortesía y decido lanzar el dardo de reconocimiento.
     - ¿Qué tal por Santovenia?
Sabía que ella y su novio se compraron una casa en ese pueblo y me pareció la manera más sútil de saber cómo iban las cosas.
-    Ah,... pues ya no vivo allí. Voy a vender la casa y me he vuelto con mi
madre.
Me supongo por qué pero me decido a corroborarlo.
     - ¿Ya no estás con tu novio?
     - No, lo dejamos ya hace mucho.
     - Bueno, mucho, mucho... no puede ser.
No tenía a Natalia demasiado controlada últimamente pero yo solía al bar lo suficiente como para saber que hace mucho no podía ser.
     - Seis o siete meses.
Vaya, pues sí. Supongo que en las últimas ocasiones la vi tan inaccesible que me olvidé de mirar si andaba por ahí su novio como siempre. Aún estoy pensando en ello cuando veo que aparecen sus amigas bajando la escalera indicando que mi temporizador parpadea. Se me ocurre una maniobra de ingeniería social. Saco mi libreta y el boli e intentando no mostrar demasiada impaciencia le digo:
     - Oye ¿Te llamo un día y quedamos para…? ¿O estás muy liada en el bar?
Venga, di que no lo estás. Di que puedes sacar un rato. Di que quieres mi teléfono. Di que...
-    Sí, es verdad. Ya nos vemos por los bares
Mierda. Sin apenas mostrar mis cartas he adivinado qué mano llevaba y aún así, he perdido. Cinco años anhelando una oportunidad para, en apenas dos minutos, comprobar que nunca tuve ninguna. “Ya nos vemos en los bares”. Mpff… Con esos ojos y ya sin cartas con la que jugar, espero que no demasiado.


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Viernes, 9 de Marzo del 2007

 ¿Llevas una vida de Rockero?

1.- Para ti "Sangre Azul" es...

  • a) Lo que corre por las venas del Príncipe Felipe.
  • b) La que usan para los anuncios de compresas.
  • c) Lo que expulsa la uretra cuando te comes una plastidecor.
  • d) Un grupo jevi del año cristo.


2.- El día que murió Kurt Cobain...

  • a) Abrí una botella de cava.
  • b) Rogué que muchos adolescentes siguiesen su ejemplo.
  • c) Llevé a clase una camiseta de "No me pises que llevo chanclas" como homenaje.
  • d) ¿¿Kurt Cobain está muerto??


3.- A una chica heavy le pido...

  • a) Que no me tararé ningún tema mientras me la tiro.
  • b) Que no venga a mi casa en Nochebuena con camiseta de Iron Maiden y un collar de perro.
  • c) Que su dieta alimenticia vaya más allá de los Risketos y la cerveza.
  • d) Que de mayor no acabe como las Supremas de Móstoles.


4.- A un chico heavy le pido...

  • a) Que me abra paso a hostias en los conciertos
  • b) Que sus conversaciones profundas no se limiten a tres eructos.
  • c) Que no se ponga a hacer Air Guitar con "Sufre Mamón".
  • d) Un cierto respeto al "Slippery when wet" de Bon Jovi.


5.- Llevar greñas para mí es...

  • a) Una seña de identidad de ser un auténtico heavy.
  • b) Una manera de ocultar mi fealdad
  • c) Una cuestión de ahorro en peluquerías
  • d) Un modo de solidarizarme con Greenpeace permitiendo que en mi cuero cabelludo convivan piojos, garrapatas, chinches y todo tipo de animalitos de Dios.


6.- Cuando se pusieron de moda las chupas rockeras...

  • a) Contrataqué vistiéndome de Armani.
  • b) Me compré otra. A mí a heavy no me gana ni dios.
  • c) Cuando entrábamos a una disco, nos íbamos con dos a casa.
  • d) Para ser distinto tuve que salir con la torera de Curro Romero teñida de negro.




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Lunes, 28 de Agosto del 2006

 Ligando en el bar

Entré al pub para ver si esa noche curraba un colega. Era un antro pequeñito, de éstos que con abrir la puerta divisas todo de un simple vistazo. Así que cuando lo hice ví que de camerero estaba otro chaval, un par de grupitos de amigos y una tía en la barra. Una tía que llamaba la atención aún estando sentada de espaldas; ceñida camiseta blanca, una mini falda de cuadritos en plan colegiala, unas apetecibles piernas y unas botas altas negras. Si quería ver el rostro de esa pelirroja debía ponerme a su lado. Y visto lo visto no me lo pensé dos veces. Doy cinco pasos hasta a la barra y busco al camarero con la mirada.
     - Hola ¿No curraba Javi hoy?
     - Sí, pero está malo y le he tenido que sustituir. ¿Te pongo algo?
La respuesta requirió girarme rápidamente y ver esos ojos que miraban de manera absorta su botellín sobre la barra. Decido que sí, que hay que pedir algo y pido una caña. El camarero tras servirme se retira a charlar con uno de los grupos de amigos. Esta vez la situación requería más rapidez que el otro día en el bus. Así que le meto un trago al botellín y no me lo pienso.
     - Hola
Se gira, me mira a los ojos y tarda dos segundos en devolverme el saludo. Después vuelve a conectar su mirada en el botellín. Mal empiezo.
     - ¿Cómo te llamas?
Ya no tardó apenas en contestar pero ni siquiera me mira.
     - Silvia.
     - Yo, Ramón ¿Estás esperando a alguien?
Y fue ahí cuando todo cambió.
     - ¿Vives solo?
     - Sí ¿por?
     - ¿Nos vamos?
Me quedé pasmado. Típico momento en el que piensas “Esto no puede ser tan fácil”. Y aunque tenía la intuición de que esta tía había pasado del punto muerto a la quinta del tirón, mi parte más racional buscaba cerciorarse.
     - ¿Dónde?
     - A tu casa.
Preguntar “para qué” me parecía de gilipollas así que pensé que una de dos. O era una calentorra o algún mal rollo me esperaba si le seguía el juego.
     - Vamos.
Pago la cerveza mientras ella coge sus cosas y salimos. Dado que mi casa quedaba en el quinto pino, le propongo coger un taxi y acepta. Caminamos hasta la parada sin decir nada e intento romper aquella incómoda situación.
     - ¿Siempre te decides así de rápido?
     - Sólo cuando tengo muchas ganas.
Mi triste historial femenino me hacía imposible creer que por una noche fuese a tener suerte.
 
El taxi no tarda más de quince minutos y nadie dice nada. Llegamos a mi portal. Quiere pagar ella pero no la dejo. Según vamos subiendo noto nervios. Abro la puerta y entro para dar la luz del hall. Entra ella después y no he terminado de cerrar la puerta cuando me echa los brazos al cuello y empieza a besarme de una manera sensual y algo agresiva. No opongo ninguna resistencia mientras llevo mis manos a su trasero y pienso en la noche que tengo por delante. Mi móvil empieza a sonar. No le hago caso. El móvil sigue sonando. Y de repente me doy cuenta que no es el móvil. Es el despertador diciéndome que son las 8. Hijo de puta.

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Jueves, 3 de Agosto del 2006

 Ligando en el bus (historia real)



Voy sentado en el bus de camino a casa cuando paramos frente a la estación de trenes y sube una chica preciosa con un bolso de mano y una mochila. Pese a sus enormes gafas de sol, apuesto a que sus ojos estarán a la par. Paga el billete y se sienta tras el conductor. El bus sigue su camino y yo me planteo si debo "hacer algo". Sin duda viene de viaje y ser abordada por un desconocido en una (quizás) ciudad que no es la suya, puede resultar algo violento. Intento pensar qué palabras usar. Dos paradas después las tengo. Sólo me falta el valor para levantarme e intentarlo. Y cuando el bus se acerca a la parada anterior a la mía ella le pregunta al conductor si es la suya y por dónde tiene que ir. Tras darle al autobusero unas breves instrucciones, la chica enfila el pasillo y la dejo pasar. Sonriendo, me da las gracias mientras veo que unas irresistibles pecas salpican su rostro. No puedo más.
    - ¿Buscas alguna dirección en concreto?
    - Sí, el Carrefour.
Una señora se entromete para decirle por donde tiene que ir, desconociendo que hay otro camino más directo.
    - Llegas antes bajando unas escaleras que hay aquí al lado. Ahora te digo cuales.
El bus se detiene una parada antes de la mía, y me bajo con ella. Nos encaminamos hacia las escaleras. Me ofrezco a llevarle algo pero dice que no hay problema.
    - ¿Eres de aquí?
    - No, de Santander. He venido un par de días a ver a un amigo.
¡Danger, Danger! "Un amigo". La cosa se pone fea. Aunque bueno, el "amigo" pudiera ser sólo amigo y nada más o incluso pudiera ser gay ¿no?
    - ¿Estás ya de vacaciones?
    - Sí, hoy las he empezado.
    - ¿Todo Agosto?
    - No, sólo veinte días.
Llegamos a las escaleras. El Carrefour no tiene pérdida, pero ella se quita las gafas y gano la apuesta sobre sus ojos. No me deja elección.
    - Anda, déjame que te ayude.
Me da su mochila y empezamos a bajar. Son alrededor de doscientos escalones los que tengo de tiempo.
    - ¿A qué te dedicas?
    - Trabajo en Springfield.
    - ¿Desde hace mucho?
    - Llevo once años allí.
    - Pues ya habrás ascendido ¿no?
    - Bueno... estoy de encargada de tienda.
    - ¿Y más arriba de ese cargo?
    - Está responsable de ventas. Pero tienes que viajar mucho y es un rollo. Además, como me he casado hace tres meses...
    - Er... aquí tienes tu mochila. Es todo recto a la derecha.

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Miércoles, 12 de Julio del 2006

 Futbolines

     
   
     Desaparecieron las máquinas de marcianitos y vinieron las de pantalla táctil. Surgieron las primeras dianas de dardos y se modernizaron hasta incluir monitores. Pero nada ha cambiado en los futbolines, que prevalecen en algunos bares tan románticamente como su clásico borrachuzo adormilado sobre la barra.
 
    
     El pasado fin de semana volví a jugar a un futbolín y encontré la razón por la que no se han extinguido. Y es porque ninguna máquina ha conseguido todavía ofrecer la emoción de ver jugar cuatro amigos a brazo partido. Ni tampoco ningún otro juego de bar permite a otros dos clientes retar a los ganadores de la partida en curso depositando un euro sobre la máquina. Todo un auténtico folclore cañí del que, por una vez, uno se siente orgulloso de practicar. O esa otra tradición de “A cero por debajo” que implica que si un equipo no marca un solo gol, sus jugadores deberán pasar por debajo del futbolín como penitencia por la humillación sufrida (¿existe esta práctica en el resto de España?).

 
     Quizás lo más raro de los futbolines es encontrar a una mujer que juegue bien. Nunca he comprendido por qué hay tan poca afición femenina por un juego que no necesita tanta fuerza como habilidad. Cierto es que al principio quizás cuesta adquirir un poco de juego de muñeca, pero con el tiempo se coge. No obstante las chicas suelen preferir para disparar la típica “ruleta” a los que los chicos renegamos por considerarlo algo cutre. Y es que, aparte de ser un juego, con el futbolín se puede demostrar una clase y una elegancia que nada tienen que envidiar a las que ofrece su primo El Billar.


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Jueves, 23 de Marzo del 2006

 Un relato sobre fantasmas

     


 Vivo solo desde hace un mes, momento en que me trasladé a este piso semiderruído y que tuve que rehabilitar parcialmente. Nunca he trasnochado demasiado y antes de la una ya suelo estar en pijama. Y pese a que echo la llave en la puerta que conduce al pasillo vecinal, también acostumbro a echar un pequeño pestillo en la puerta de mi dormitorio. Supongo que os parecerá innecesario si ya hay una puerta bloqueada, pero siempre me he sentido más seguro con esta medida. Hasta hace dos semanas, que cuando estaba a punto de conciliar el sueño empecé a escuchar unos “ruidos” en la habitación próxima a mi dormitorio, que no era otra que el salón.

     Esos “ruidos” (por llamarlos de alguna manera) eran el batir de las páginas del periódico que había sobre la mesa del salón. Sonaba como si alguien lo estuviese hojeando. Y no precisamente con parsimonia, sino con esmero. Apenas transcurrían uno o dos segundos entre cada pasada de página mientras yo estaba paralizado en mi cama sin saber qué hacer. Creo que el miedo me bloqueaba cualquier acción. No había oído abrirse -ni mucho menos forzar- la puerta principal ¿Quién estaba en el salón? ¿O sería más preciso decir “qué”? Lo más sencillo para disipar mi duda sería incorporarme, levantar el pestillo y abrir la puerta ¿no? Pues no me atreví.

     Tras unos minutos el silencio volvió a mi casa y yo, sin abrir la puerta, conseguí dormirme después de unas horas dando vueltas en mi cama intentando tranquilizarme y autoengañarme de lo que había oído. El despertador sonó a las 7 de la mañana. Por aquello de que al despertar súbitamente olvidas cosas del día anterior, abrí mi puerta sin acordarme de nada. Hasta que vi el periódico encima de la mesa. No recordaba de qué manera lo había dejado antes de irme a la cama, con lo que no pude saber si realmente había sido movido o no. La cerradura de la puerta principal estaba intacta. Comenzaba a pensar que quizá todo hubiese sido una pesadilla.

     El día transcurrió con total normalidad y al acercarse la noche no pude evitar comenzar a inquietarme. Dado que no compro el periódico casi nunca, dejé el de ayer en una posición milimétricamente medida encima de la mesa del salón y me metí en la cama. Y, por supuesto, volví a echar el pestillo. Nada escuché esa noche. Eso acrecentó mi idea de que lo del otro día  había sido una paranoia. Sin embargo, no conseguía quitármelo de la cabeza.

     En el trabajo se me ocurrió una idea algo desconcertante y que me aterraba en caso de que tuviese fundamento ¿Y si anoche no oí nada porque el periódico era de ayer y ya había sido “visto”? Para contestar a esta pregunta me hacía otra: ¿debía comprar hoy el periódico y depositarlo en la mesa para acabar de convencerme de que nada ocurrió el otro día? ¿Estaba preparado para saber la verdad o tenía miedo?

     Finalmente decidí comprarlo y acabar con el asunto antes de que me volviera loco. A la hora de irme a la cama, cogí el metro y volví a medir la posición en la que depositaba el diario. Una vez encerrado y en la cama, volví a escuchar aterrado el devenir de las hojas. Creo que estaba más asustado que el primer día porque se corroboraba que ni estaba soñando ni era una paranoia ¡Tenía un maldito fantasma en casa! Pese a lo alarmante que pudiera parecer, me tranquilizó pensar que “eso” se conformaba con un mísero periódico y no con destrozarme la casa como los fenómenos poltergeist. Pero yo continuaba sin atreverme a salir.

    Una vez concluído el “vistazo”, nuevo silencio. La verdad es que el “ente” (o lo que fuera) se daba prisa y apenas tardaba algo menos de dos minutos en hojearlo. Cuando alguien mira así el periódico es que anda buscando algo específico ¿no? ¿Qué noticia podría esperar encontrar un fantasma? ¿O simplemente le entretenía tenerme acojonado?
 
     No se me ocurría otra manera que tenerle “calladito” que dejar de comprar el diario. Así que estuve 2 días sin comprar el diario y nada se oyó ni pasó. Pero al tercer día, la calma volvió a turbarse; al poco de apagar las luces oí claramente cómo algo llamaba a la puerta de mi dormitorio. Fueron tres golpes cortos, secos y hubiese jurado que hechos con los nudillos. Se repitieron dos veces. Si los primeros días estaba acojonado, ahora abría que añadir el sufijo “ísimo” a mi estado. ¿Quería vengarse por no haberle comprado su distracción? ¿Quería entrar a mi cuarto? Dios... menuda comida de tarro. Ok, compraría de nuevo el puto periódico mientras pensaba que hacer. Lo de menos era gastarme veinte duros a diario sino entender qué diablos pasaba en mi casa.

     Con el periódico del día en casa las cosas volvían a ser “normales” y el fantasmita no se quejaba. Lo hojeaba en un pis pás y yo podía dormirme. Pero a los pocos días me pareció una buena idea enterarme de quién vivía en mi piso antes que yo. Siempre había oído que los espíritus regresaban del más allá para rematar cosas inconclusas que habían dejado en vida. Tuve que ir al Registro para enterarme que el anterior propietario del piso se llamaba Antonio Díaz López y que había fallecido de un súbito infarto a la edad de 52 años en mi piso. Y resultó también que ése era el único inquilino que siempre había habitado el inmueble.

     Intenté contactar con algún familiar suyo pero mis búsquedas fueron infructuosas. Antonio no tenía familiares. Al menos en mi ciudad. Se me ocurrió buscar en la hemeroteca al desconocer qué funeraria se había hecho cargo en su día del sepelio. De esa manera, de la esquela podría extraer los nombres de sus familiares más allegados. Así que decidí cogerme una tarde libre para tratar de poner fin al tema. Y fui allí donde encontré la respuesta que estaba buscando; la cual, paradójicamente, estaba en la ausencia de la misma. Me explico; no había ninguna esquela en ningún periódico que diera fe del fallecimiento de Antonio. Ello me condujo a pensar que precisamente era eso lo que buscaba mi “amigo” trasnochador. Curiosamente, el primer aniversario de su muerte era el jueves 12, justo en diez días. Creí saber cómo arreglarlo todo.

     Fui a un periódico local y encargué una esquela conmemorativa de su aniversario. Dado que sabía su nombre y poco más, resultaba algo austera pero quizás para al caso sirviese. Mientras llegaba tal día continué comprando el diario. Más que nada porque estaba convencido de que la situación tenía días contados. Por fin llegó el jueves y la situación fue la habitual, con el batir de páginas de siempre que cesó a los pocos segundos. Y al levantarme al día siguiente lo encontré abierto por las páginas de las esquelas. Nunca más volví a escuchar nada.




Este relato lo escribí para el último número de "Líneas Sin Desperdicio", que salió en Marzo de 2001. Las ilustraciones las realizó expresamente para el mismo FERMÍN SOLÍS, por entonces ferviente colaborador y hoy uno de los dibujantes con más proyección de nuestro país.


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Domingo, 5 de Marzo del 2006

 La web de Elsa Pataki



Esta tarde he llegado de rebote a la web de Elsa Pataki. Me ha hecho gracia encontrarme en la pestaña CONTACT un e-mail que supuestamente es un correo personal. ¿Pensáis acaso que ella recibe los e-mails? ¿Y contestarlos? ¿Os imagináis a Elsa contestando esas divinas cartas de fans? Mi privilegiada mente ha podido y aquí os pongo el resultado de lo que sería un intercambio de e-mails entre Elsa y sus seguidores (por respeto a mis lectores, escribiré las cartas de los fans de Elsa sin faltas de ortografía ni tipología sms).


      Pregunta: Hola, Elsa. Me llamo Arturo y me molas mogollón. Me compro todas las revistas donde sales en portada.
     Respuesta: Hola, Arturo. Me parece muy bien que te "mole mogollón", pero de vez en cuando dale un respiro a tu mano derecha. Besos, Elsa.



       Pregunta: Hola, Elsa, estás mazo buena. Eres una diosa. Manuel.
     Respuesta: Hola, Manuel. Gracias por tu e-mail. Es "mazo" original. Nunca me habían dicho cosas así. Besos, Elsa.



      Pregunta: Hola, Elsa. Si alguna vez te sientes sola, escríbeme. Besos. Alberto.
    Respuesta: Hola, Alberto. Gracias por tu oferta. Dada la profunda amistad que tenemos desde años, serás la primera persona a la que acuda en caso de sufrir una crisis depresiva. Sigue pendiente de tu correo. Besos. Elsa.



       Pregunta: Hola, Elsa. ¿Qué tiene que hacer un chico como yo para llegar a tu corazón? Jose Javier.
     Respuesta: Hola, Jose Javier. Debes de seguir todo recto y al primer desvío giras a la derecha. 50 kilómetros después, preguntas. De todas las maneras viene muy bien explicado en la guía Campsa. Besos. Elsa.



       Pregunta: Elsa, no hagas caso de las críticas. Eres la mejor y más guapa. Un besazo.
     Respuesta: Hola, Antonio. Así es. Soy la mejor y la más guapa. Por eso mismo estoy aquí perdiendo el tiempo respondiéndote. Besos. Elsa.



En fin, si me hago famoso y algún día me la presentan os prometo que lo primero que haré cuando  será preguntarle si contesta alguna vez ella a los e-mails.



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